El profanador

Autor: Mauro Marino Jiménez

No tenía fuerzas para seguir cavando, pero sus ganas eran desbordantes. Cambió posturas. Vociferó en un lenguaje propio. No desperdició su ímpetu en ningún intruso.

Allí encontró lo que buscaba: un fresco trozo de hueso con el tuétano macerado y muchas joyas de oro, las cuales devolvería a la tierra antes que el jardinero lo expulse indignamente por cavar hoyos y malograr su trabajo.

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